believe in me
diciembre 19, 2011
diciembre 05, 2011
diciembre 04, 2011
noviembre 23, 2011
Aveces siento que nadie me entiende, que soy la unica que no puede seguir viviendo por minutos. Aveces siento como si nadie me escuchara, como si fuera invisible para todos. Esos son los momentos en los que me voy a fuera a caminar, o solo a sentarme y mirar al cielo, sabiendo que todo mañana va a mejorar.
noviembre 14, 2011
noviembre 09, 2011
Soy esa clase de mujer que no es suficiente.
De esas que siempre son buenas amigas, grandes confidentes, dispuestas amantes, pero que no alcanzan la categoría de indispensables. Con el brillo adecuado para alumbrar pero insuficiente para encandilar.
Suele faltarme una dósis de paciencia, un pestañeo oportuno, una carta sin mostrar.
Suele sobrarme una pregunta, una presencia, una lágrima que cae sin avisar.
Son pocos mis encantos y demasiadas las dudas que pongo a dormir en un cajón.
No bastan ni mi esmero ni mis ganas, ni todas las palabras que pueda coser sobre un renglón.
Soy de esas mujeres a las que, en cuestiones de amor, todo les cuesta el doble.
El doble de tiempo, el doble de paciencia, el doble de riesgo. Sin garantías, sólo siguiendo por instinto la flecha de salida que marca el corazón.
Sin la certeza de que el tiempo ablande, conmueva, enlace, acerque.
De esas que siempre son buenas amigas, grandes confidentes, dispuestas amantes, pero que no alcanzan la categoría de indispensables. Con el brillo adecuado para alumbrar pero insuficiente para encandilar.
Suele faltarme una dósis de paciencia, un pestañeo oportuno, una carta sin mostrar.
Suele sobrarme una pregunta, una presencia, una lágrima que cae sin avisar.
Son pocos mis encantos y demasiadas las dudas que pongo a dormir en un cajón.
No bastan ni mi esmero ni mis ganas, ni todas las palabras que pueda coser sobre un renglón.
Soy de esas mujeres a las que, en cuestiones de amor, todo les cuesta el doble.
El doble de tiempo, el doble de paciencia, el doble de riesgo. Sin garantías, sólo siguiendo por instinto la flecha de salida que marca el corazón.
Sin la certeza de que el tiempo ablande, conmueva, enlace, acerque.
Es que llega un momento en que la duda nos seduce con la propuesta de flotar eternamente en la orilla, donde el mar no rompe y sólo hace cosquillas. Sin sumergirnos. Sin llegar al fondo, ni del mar, ni de nada.
Y es ahí donde el camino empieza a angostarse y el nudo comienza a apretar en la garganta.
El temor, detrás de la duda.
Y es ahí donde el camino empieza a angostarse y el nudo comienza a apretar en la garganta.
El temor, detrás de la duda.
Hago la prueba.
Repito tu rosario de razones para no quererte, una y otra vez.
Las memorizo, las trituro, las desarmo y las vuelvo a armar.
Me esmero, te juro que me esmero.
Me digo a menudo que sos imprescindible.
Pocas veces me lo creo.
Si vieras el esfuerzo que pongo al intentar enhebrar un collar con tus defectos, la dedicación con que intervengo mi cerebro para que te piense un poco menos, el afán con que revuelvo las miradas ajenas esperando encontrar alguna que me conmueva.
Perdono mi insolencia por intentar conquistarte.
Retomo el hábito de pensar en singular.
Corrijo los encabezados de mis notas mentales que llevaban tu nombre.
Tacho. Recorto. Limito. Borro.
Y vuelvo a empezar.
Con este corazón amaestrado para los desencuentros, que más sabe de remiendos que de zapatitos de cristal.
De chicos, la historia la vamos midiendo en paquetes de caramelos, en vueltas de calesita, en vainillas remojadas en un vaso de leche para la merienda.
De más grandes, en "vayamos a vivir juntos", "quiero que conozcas a mis amigos", ansiedad de nuevas citas (en la que combinan los zapatos con la lencería), y adioses sostenidos entre mocos y fallidos anzuelos.
El primer beso, la primera casa, el primer sueldo, las primeras vacaciones, nada tienen que ver con el slogan de que somos míseros mortales.
De más grandes, en "vayamos a vivir juntos", "quiero que conozcas a mis amigos", ansiedad de nuevas citas (en la que combinan los zapatos con la lencería), y adioses sostenidos entre mocos y fallidos anzuelos.
El primer beso, la primera casa, el primer sueldo, las primeras vacaciones, nada tienen que ver con el slogan de que somos míseros mortales.
Estreno razones para quererlo de un modo que no duele, anestesiando los rincones en los que solía latir mi instinto de amarlo de manera desmedida.
Siembro emociones nuevas. Motivos que me alcanzan para evitar necesitarlo. Pretextos que invento para celebrar la amnesia de su recuerdo.
Ando sola.
Conmigo y sin él.
En esta soledad que parece un eterno domingo.
Desarrollé un nuevo instinto de supervivencia basado en el amor propio, con limitaciones para el ajeno.
Aprendí a dejar de vaciarme en manos egoístas.
Abandoné el hábito de suplicar caricias, reprochar ausencias, malgastar mi tiempo.
Ya no invoco el nombre de quienes supieron olvidarme, ni me esfuerzo por prolongar las despedidas.
septiembre 11, 2011
agosto 29, 2011
agosto 28, 2011
Acá estoy, no me ves. Yo también te estoy buscando como vos con tranquilidad, sin desesperar. Pero pasan las primaveras, y los otoños que es peor, con el frío me gusta más dormir de a dos y no se cruzan nuestros caminos y me pregunto si alguna vez terminará esta solitaria recorrida. Hoy estoy un poco triste porque me dió por pensar si no habrá algo de mi o algo de vos que no nos deja darnos cuenta y estamos muy cerca en realidad.
Dicen que nadie escapa a su pasado. Yo digo que no escapa el que no quiere escapar. Yo no le escapo al pasado, le huyo, yo vivo el presente. La misma palabra te lo dice, “pasado”, es algo que ya pasó, que ya fue. Por eso lo mejor es dejar atrás el pasado. No entiendo la gente que se emperra con remover su pasado ¿Qué es lo que buscan? ¿Qué esperan encontrar? El pasado te amarga, te da insomnio, te vuelve obsesivo. Hay que soltar el pasado de una buena vez, no sirve para nada. Todos tienen la necesidad de resolver algo del pasado, como si se ganara algo con eso.
Ya me acostumbre a no esperar nada de tí. Aprendi a hacer cosas sin esperar algo a cambio. Tambien aprendi a hacerme la indiferente, pero llega a un punto donde la mediocridad no puede más. Y ahi caigo de un quinto piso, donde las heridas duelen más que los golpes. Donde nunca termino de curarme que ya llega otro problema más. Y vos nunca te das cuenta lo que pasa por mi. Quisiera saber como tocar tu corazón, me encantaria poder despertarte.
Siento que me quitaron un pedazo de mi alma si te vas no queda nada, queda un corazón sin vida, que ha raíz de tu partida se quedo solo gritando pero a media voz. Siento que la vida se me va por que no estoy contigo. Siento que mi luna ya no esta si no esta tu cariño, yo te esperare nos sentaremos juntos frente al mar y de tu mano podre caminar y aunque se pase toda mi vida yo te esperare. Se que en tus ojos todavía hay amor y tu mirada dice volveré. Y aunque se pase toda mi vida yo te esperare.
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