noviembre 09, 2011

Es que llega un momento en que la duda nos seduce con la propuesta de flotar eternamente en la orilla, donde el mar no rompe y sólo hace cosquillas. Sin sumergirnos. Sin llegar al fondo, ni del mar, ni de nada.
Y es ahí donde el camino empieza a angostarse y el nudo comienza a apretar en la garganta.
El temor, detrás de la duda.